viernes, 18 de enero de 2013


A la hora de emprender habrá momentos en los que nos sentimos solos, abandonados…. Incluso con la aportación de nuestras familias y amigos vemos que el proyecto se torna en un enorme monstruo grande y que devora nuestros recursos de tiempo, económicos y que drena nuestra salud mental. Si caminas por esa fina línea en la que todo está a punto de caer por su peso… ¿Qué tal tener un compañero de armas?
 
Si buscamos en internet encontraremos listas infinitas de porque tener un socio o de porque no tenerlo amén de listados con las capacidades que nuestro socio debe tener (y por lo tanto que nosotros deberíamos tener hacia nuestro socio). Bien, no niego que son prácticas pero sinceramente, es muy difícil que encontremos a ese socio perfecto a menos que lo diseñemos genéticamente o lo ensamblemos nosotros mismos.
En este tema podemos decidir ser fríos y profesionales. Mi socio tiene solvencia, aporta seguridad económica, parece un tío serio que va a cumplir con las obligaciones del día a día…etc. Sin embargo a mí me cuesta mucho tomar ese punto de vista. Directo al grano, si buscamos a un socio capitalista que aporte euritos a costa de independencia pues perfecto. Podemos escoger al más frío  de los brokers de Wall Street, Angels Business o Banco. Sin embargo... Si vas a trabajar codo con codo con alguien puede que necesitemos evaluar otro tipo de capacidades y habilidades que no son tan evidentes como una pared cubierta de diplomas.
No voy a hacer una lista con las virtudes que considero que nuestro socio debe tener, si no, este post se llamaría de una forma tan original como “LAS 15 VIRTUDES QUE TIENE QUE TENER NUESTRO SOCIO”. No. Lo que quiero hacer es una reflexión acerca de  nuestro socio y lo que mi experiencia (que es bastante fresca siendo sincero) me dice.
Lógicamente no queremos pasarnos todo el día batallando con nuestros compañeros sobre todas las decisiones que se toman. Esto lo he visto antes y es un desgaste de tiempo y energía cuyo objetivo en la mayoría de los casos se limita a demostrar quién tiene la superioridad en la sociedad. ¿De verdad consideramos tan importante nuestra posición interna hasta el punto de dar prioridad a asuntos bastantes banales por delante del interés de la empresa? La capacidad de negociar y encontrar la mejor respuesta para la empresa o el proyecto es lo que nos permite poder asociarnos. Si mezclamos nuestro orgullo en la asociación, el resultado va a ser un pastel muy amargo.
¿Sabemos con seguridad que nuestro socio estará realizando su parte?¿Hay alguna fórmula matemática que nos revele que tiempo o ilusión aportará nuestro socio?  ¿Hay alguna forma (a parte de la videncia) que nos indique si  habrá roces? La respuesta es NO. Mucho dependerá en la asociación de un término que  tan manido y prostituido como es la CONFIANZA. La confianza de saber que nuestro socio nos respalda, que tiene tanta ilusión y ganas como nosotros tenemos para que esa idea inicial se convierta en algo sólido. Confianza para saber que le dará la importancia adecuada y la prioridad que requiere a la par que tomará las decisiones más adecuadas no solo por su bien personal… sino por el bien de la sociedad.
Si realmente confiamos en nuestro socio y, por supuesto, nosotros somos personas en las que se puede confiar habremos encontrado, no solo un socio… sino un Compañero de Armas. Y creedme, en la guerra del emprendimiento… nunca sobran. 

0 comentarios:

Subscribe to RSS Feed Follow me on Twitter!