domingo, 19 de octubre de 2014

Hace un año escribí en este mismo blog dos entradas bajo el titulo ¿Hacia Donde Vas Vaquero?, en la que yo, inocente y arriesgado me hacía la promesa de montarme en el caballo del emprendimiento y cabalgar tan lejos, tan rápido y tan valientemente como me fuera posible. Hoy hablo de la realidad, un año después.


Es curioso. Cuando visito estas entradas parece que fueron escritas por otra persona. Alguien más optimista, mas inocente si me permites. Mucho camino se ha recorrido aquí. Muchas veladas de insomnio han pasado por mi almohada.
Mucho polvo se acumula en estas botas y las espuelas están gastadas y oxidadas. A veces, como a cualquier emprendedor que camine en este árido desierto en el que nuestro país se ha convertido, me dan ganas de cavar un agujero y dejar que los buitres me devoren.

Las cosas no son tan fáciles. No son sencillas. Niños, después de un año, la lección es que la vida es dura, extremadamente difícil. Llenar nuestros platos con el rancho cada vez cuesta más y más, si eres un honrado vaquero, o agricultor o comerciante... porque si eres uno de esos bandidos o banqueros ya tienes "La vida Resuelta".
Así, los proyectos van cayendo uno a uno en el cajón desastre o en el olvido. Y nosotros caemos con ellos. Mordemos el polvo porque o bien no supimos ejecutar esa idea que en su día nos devolvió la ilusión o simplemente... porque no es el momento.

Pero tranquilos, a pesar de ello... si sabemos mirar mas allá del polvo que nuestra caída levanta... veremos que hay mas caballos que ensillar.. nuevos proyectos que arrancar.. tan solo necesitamos levantarnos una vez más.
Así que después de un año en los rodeos, con sus mejores y peores momentos... Me quedo con lo mucho que he aprendido, con la dosis de realismo que llena mis alforjas y con la determinación de Clint Eastwood.

A día de hoy, el vaquero (o el emprendedor) solo tiene una dirección a seguir... hacia adelante. Y si el caballo se encabrita y nos lanza por los aires... Pon voz grave y profunda, imagina que eres un vaquero del lejano oeste, coloca bien tu sombrero y busca otro caballo que cabalgar. Rendirse no es opcional. Recuerda... Clint Eastwood no lo haría.


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