jueves, 26 de marzo de 2015



Somos muy de ir a lo nuestro. La habilidad de empatizar con otros seres se va perdiendo gradualmente. Sin embargo de manera puntual, aunque cada vez menos, en esta bola de barro que llamamos Tierra ocurren eventos que de manera muy significativa restablecen el lazo que nos une a los seres que nos rodean.

Y cuanto más terrible es el hecho en si, más se refuerza esa unión. Pero.. ¿Qué ocurre cuando un hecho es tan sumamente aterrador y terrible que supera de largo las expectativas o la comprensión humana? 

Siempre he pensado que cuando ocurra un hecho o desastre global, el mundo por fin evolucionaría.. no, perdón.. no el mundo. Sino nosotros, como especie. Pero las "pequeñas" tragedias que vienen ocurriendo demuestran todo lo contrario. El ser humano está roto... tal vez, más allá de toda posible reparación. Bombardear pueblos, degollamientos indiscriminados, olvidar el ébola porque ya no esta en occidente.. etc.
Las matanzas indiscriminadas ya son un clásico en nuestros tiempo. Los motivos políticos, religiosos o económicos han primado por encima de la vida hace siglos. Pero no voy a desgranar cada uno de los conflictos.. acabaríamos con una depresión de dimensiones apocalípticas. 

Seleccionemos un evento único. Relativamente insignificante. 
Estoy frente al ordenador, en unas semanas tengo vacaciones y tengo la intención de ir a Amsterdam. Junto a mi pareja buscamos todas las ofertas posibles, porque seamos sinceros, hay que economizar. El buscador me devuelve resultados alentadores. Están dentro de nuestro presupuesto. Durante horas y días miramos la evolución de precios. 
Finalmente nos decidimos y compramos un par de billetes de ida y vuelta a Bruselas, porque nos resulta una oferta mucho más atractiva. Ya iremos a Amsterdam más adelante. 
A medida que se acerca el día del embarque los nervios crecen, las maletas están listas, comprobamos que llevamos todo en regla, el DNI... etc. Y partimos hacia el aeropuerto. Allí hacemos cola con otras personas que van en el mismo vuelo. Hay una pandilla de jóvenes, que parece que van de despedida de soltero y no se cortan ni un segundo en mostrar su entusiasmo. Gritan, pelean en broma y si, estorban al resto de la cola. Pero no importa. 
La chica del mostrador nos atiende. No me quedo con su nombre, a pesar de que lleva una gran chapa con el logo de la compañía con la que volamos. Es muy amable y responde a nuestras preguntas con una enorme sonrisa. Nada forzada. 

Mientras esperamos a que se abra el embarque comemos un bocata guarro comprado en la máquina, pensando que debimos haberlos hecho en casa, porque esas maquinas son un autentico robo. Hacemos tiempo hablando de los sitios que vamos a visitar y pronosticando posibles problemas, como donde coger el autobús que nos llevará al hotel. 

Hey!! Por fin podemos embarcar. Decidimos esperar a ser los últimos, es más cómodo que entrar a empujones. En la puerta del embarque y en el mismo avión hay sendos asistentes con la misma sonrisa y amabilidad. 

Ya estamos sentados en nuestros estrechos asientos. Pero no importa. En un par de horas estaremos en Bruselas. Durante el despegue cojo la mano de mi pareja, porque tiene miedo a volar (aunque no lo confiese) y suelta esos graciosos sonidos de miedo contenido. Aprieta con tanta fuerza mi mano que pienso que no voy a poder llevar la maleta cuando aterricemos. El avión se estabiliza y se calma.  

Miró a mi alrededor y hay gente de todos los tipos. Una chica embarazada va de la mano de su novio (no llevan anillo). Él, sin duda es extranjero, tal vez de Bruselas. Puede que vayan a visitar a sus padres.. o que vuelvan de visitar a los padres de ella. 

Un par de lineas por detrás mio escucho los llantos de un bebé. No son molestos y enseguida cesan cuando su madre le da el pecho. Los jóvenes de la despedida siguen armando bulla. No paran quietos y me pregunto si van a estar todo el viaje así. 

Hay parejas de ancianos, mediana edad, trajes de ejecutivos que vuelan solos. Pero no me detengo a observarlos a todos. Ni siquiera cuando a mitad del viaje voy al baño. Cuando vuelvo a mi sitio, ya están pasando el clásico carro con bebidas y aperitivos.. nuevamente tengo hambre. Creo que es por los nervios del viaje. 

De repente escucho golpes en alguna puerta del la parte delantera. Y voces... no entiendo lo que dicen. Están muy lejos. Primer pensamiento.. alguna pareja se ha encerrado en el baño para cumplir su fantasía más privada. Pero los golpes no cesan. 
Los auxiliares van hacia el frontal sin quitar la sonrisa. Me tranquiliza. 
Una sacudida. Noto la mano de mi pareja buscando la mía. Bueno, esto no sería un un viaje sin turbulencias... no acabo ni de pensarlo cuando repentinamente, todos mis órganos vitales suben hasta mi boca. 


OK! ahora si que estoy escandalizado. Los gritos del resto del pasaje son ensordecedores. Incluyendo los de la persona que tengo al lado. Creo que yo también grito. Mi cerebro no para da de lanzar ideas terribles sobre lo que está ocurriendo. Las partes de mi cerebro van a su bola. La parte más práctica me bombardea con ideas en plan "¿Porqué seleccionamos este avión?" "¿Sobreviviremos a un impacto a esta velocidad?" "¿Caeremos en Mar o en Tierra? porque no nado muy bien...?". Y también pienso en palabras grandes como TERRORISMO o FALLO. No lo  pienso demasiado pero seguro que en algún momento me cago en los terroristas. ¿Que suceso ha provocado toda esta Reacción en Cadena que termina conmigo y todo el pasaje muertos en esta circunstancias?
Lo que nunca se me pasa por la cabeza es que Mariló Montero diga que eso nos pasa a todos por comprar un billete low-cost, o que los descerebrados ninis se disgusten porque la noticia de nuestra muerte ocupe la franja horaria de su reality favorito... vamos, tampoco pienso que haya quien se alegre de nuestra muerte por ser de Burgos o de Madrid... o de Cataluña.
Por otro lado, supongo que mi parte mas emocional se dedica a su tarea y de la forma más pesimista. Me dice que ya no veré a mi familia (ojala hubiera pasado más tiempo con ellos), en un flash veo las caras de todas las personas que he amado y querido. Y pienso en todo lo que no hice o me quedó pendiente. Errores, tiempo perdido, oportunidades desechadas y metas sin alcanzar.
De una manera egoísta pero inconsciente, me alegro de no estar solo, porque tengo mucho miedo y tu mano apretando la mía hace que se minimice.  Y ya estoy convencido de que de esta no salimos. La caída parece eterna. El niño de la fila de atrás llora, pero casi no se le oye, los gritos de su madre ahogan el sonido. Me pregunto fugazmente cuantos niños habrá aquí. No parece muy justo. 

Por supuesto, nada de esto ocurrió. Llegamos perfectamente a Bruselas y pasamos unos días geniales en esa ciudad. Y el regreso fue igual de tranquilo. Y continuamos con nuestra vida sin mirar atrás y sin pensar en las posibilidades. 

Así que me llega la noticia de que el copiloto, por razones desconocidas decide estrellar de manera voluntaria el aparato en algún lugar remoto. Y la palabra HORROR se queda muy corta para expresar lo que siento por esta noticia. Como muchos horrores de nuestra sociedad.. esta no es asimilable por mi cerebro... Así que me siento frente al ordenador y lo suelto. Porque si no lo hago... si no lo hago.. me revienta el corazón. 

Por cierto, este texto no es aplicable para los niñatos fans de MHYV, ni catalanofobos. Porque para alegrarse de una muerte, tan solo una implica un grado de psicopatía nivel épico. 

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